Testimonio de Vida

"La Fundación ha sido un gran apoyo para mí en diversos momentos de la enfermedad.”

El inicio… Para inicios de 2018 tenía programado un viaje a Estados Unidos, un día después de haber llegado, comencé a sentir mucho dolor, pensaba que era por una cirugía maxilofacial que me había realizado antes del viaje. Yo solo le pedía a Dios que me ayudara a disminuir el dolor, porque era muy fuerte, además a la semana siguiente tenía que viajar a Minneapolis, en donde tenía planes de establecerme. El dolor continuó… recuerdo que en las madrugadas salía a la nieve y me acostaba sobre ella, para que me durmiera la cara, pero el dolor no cesaba. Tiempo después comenzó a aparecer una pequeña bolita, al lado izquierdo de mi rostro, comenzó a crecer, poco a poco. Acudí al médico, pero no podían ayudarme con el dolor, así que tomé la decisión de regresar a Colombia. Pasé por diversos hospitales, y una de esas tardes que me entraron a un cuarto para tomarme signos, llegó un grupo de estudiantes con el profesor, él saca una hoja y dice: “Ah, ella es la niña que les digo que tiene cáncer”. En ese momento solo sentí que los ruidos se alejaban y la vista se me oscurecía, salí del cuarto sin darme cuenta y abracé a mi hermano que estaba acompañándome. Finalmente me diagnosticaron en la Clínica San Rafael, el 22 de marzo de 2018, con un Linfoma B de células grandes.

Lo más difícil…Una de las cosas más difíciles fue el hecho de no poder regresar a Minneapolis y tener que dejar mi sueño atrás. Una vez diagnosticada, inicié el tratamiento, siempre acompañada de mucho dolor, por ese motivo desde marzo me inyectaban morfina para controlarlo; llegó un punto donde me ponían la ampolla completa cada 4 horas y comencé a tener adicción al medicamento. Esta ha sido mi mayor lucha durante el proceso de tratamiento. Cuando me daban de alta y llegaba a mi casa, me sentía desesperada, quería salir corriendo, gritaba, sudaba, sentía que mi cuerpo pedía morfina y yo no podía controlarlo. Estos síntomas comenzaron a presentarse también en el hospital, donde tuve una experiencia muy fuerte, con pérdida de conciencia. Ese día decidí no tomar más medicamento para el dolor, así que con mis ganas de salir adelante y conla ayuda de mi familia logré superarlo.

El aprendizaje…Durante esta experiencia, he aprendido a valorar a mi familia, a luchar, a amar a los demás, a no rendirme y a dar lo mejor de mí. He aprendido más sobre Dios y a aceptar lo que me pasa, porque sé que es para algo mucho mejor, para algo bueno y más grande que lo que ya había planeado para mi vida. Por este motivo doy gracias por cada día de vida, por cada experiencia que vivo, entendiendo que no siempre se tiene lo que uno quiere, ya que debo esperar el tiempo de Dios, que es perfecto.

Lo más valioso… Lo más valioso es mi familia, mi mamá, mi hermana y cada una de las personas que me han ayudado. Ahora siento que valoro más el tiempo que paso con cada persona y cada cosa que realizo por más simple que sea. Todo lo que he vivido me ha llevado a ser más alegre, sentimental y sencilla, ahora me enfoco en lo que realmente importa. He encontrado sentido en luchar por lo que quiero y en amar cada cosa, experiencia o momento que me da la vida

Mi experiencia con la Fundación… La Fundación ha sido un gran apoyo para mí en diversos momentos de la enfermedad. Me han invitado a las actividades que realizan, han ayudado a mi mamá a conocer sobre mis cuidados, y también me regalaron una peluca para subir mi autoestima. Mientras estuve hospitalizada, siempre me acompañó la psicóloga María Fernanda, quien me ha ayudado en momentos muy difíciles, de dolor y angustia. La Fundación ha sido un gran apoyo emocional y moral, tanto para mí como para mi familia.

Su mensaje para otros…En algunas ocasiones, la vida nos da un giro tan brusco que no tenemos tiempo para reaccionar, pensamos ¿Por qué a mi? Y es normal hacernos esa pregunta, pero no debemos quedarnos ahí, lo que debemos hacer es luchar. Pienso que aunque tengamos una enfermedad, la vida se debe vivir y disfrutar independientemente de si estamos enfermos o no enfermos. Por más que no nos guste lo que estamos viviendo, hay cosas que no podemos cambiar, por eso debemos enfocarnos en hacer todo aquello que anhelamos alcanzar, vivir la vida y amarla, con las dificultades y situaciones que vayan surgiendo. Este no es un proceso fácil, tiene altibajos, pero también tiene su lado hermoso, yo he aprendido muchas cosas buenas y he vivido experiencias que nunca imagine. Por eso les digo que no se rindan, tengan fe en Dios, porque él tiene la última palabra

Dayan Leon Ayala -23 años de edad